LA TAMBORADA DE HELLIN

EL GRANDIOSO ESTRUENDO DE LAS TAMBORADAS
José Antonio Iniesta
Del libro del autor: “La Tamborada más grande del mundo”.

La Tamborada de Hellín, en la provincia de Albacete y en la región de Castilla-La Mancha, es una de las costumbres más singulares y multitudinarias de toda la geografía española, y sin duda una celebración mundial única en cuanto a la participación de tambores se refiere.
El redoble de unos veinte mil tambores (la mayor concentración de este instrumento en el mundo) se da cita en unos días muy señalados de la Semana de Pasión, durante una Semana Santa en la que el rito ancestral del tambor se configura como una manifestación dual de religiosidad y festividad en su máxima expresión. Todo ello en una población que cuenta a lo largo del año con algo más de treinta mil habitantes y que en estos días recibe tanto a los hijos de la tierra como a los forasteros con los brazos abiertos, tal es su carácter hospitalario, característico del pueblo hellinero. Esto se pone de manifiesto más si cabe durante la propia celebración de las tamboradas, en las que a nadie le han de faltar unos palillos y un tambor para participar del redoble, el buen sabor del vino de la tierra y la degustación de las típicas viandas del momento, como las empanadas, los panecicos dulces, el mojete, el bacalao, las habas o los típicos caramelos, de gran fama y prestigio.
En estos días todo parece confabularse para que el visitante se encuentre con una ventana abierta al pasado, con una climatología excepcional, mediterránea, y en el entorno de un casco antiguo rebosante de historia y monumentos, que se extiende a través de un sugerente laberinto de callejuelas serpenteantes.
Pero el redoble genera la verdadera magia de las tamboradas, especialmente a través de la de Miércoles Santo, en la que participan miles de niños, muchos de los cuales son iniciados  por primera vez en el rito ancestral del tambor; de la de Jueves Santo, en la que uno queda hechizado viendo cómo los tamborileros redoblan toda la noche sin descansar hasta el día siguiente, cuando se recoja la procesión al mediodía; y la de Sábado de Gloria, en la que llama la atención la destacada participación de la mujer  hellinera. De cualquier forma, aun con estas peculiaridades, las calles se llenan durante estos días de tamborileros de todas las edades, millares y millares, que inundan con sus elegantes túnicas negras la geografía de un marco histórico que estremece a través de sus imágenes y vivencias a cualquier visitante, y sin duda a cada uno de los que han nacido en Hellín, "La Ciudad del Tambor".
La Tamborada de Hellín contaba con la declaración de Interés Turístico Nacional (1984) y recientemente ha conseguido la de Interés Turístico Internacional (2007) (en ambos casos se indicaba en el BOE Semana Santa (Tamborada)), un logro que es el fruto de toda una ciudad, y ha sido elogiada en numerosas ocasiones por los valores humanos, sociales y culturales de esta tradición. Sus tamborileros ostentaron la representación exclusiva del Pabellón de España, como símbolo de la totalidad de las tradiciones españolas, en la clausura de la Exposición Universal de Sevilla, V centenario, el 12 de octubre de 1992. Su majestad el Rey Don Juan Carlos, interpretó con sus manos un alegre y simbólico redoble dedicado a los tamborileros hellineros.
En numerosas ocasiones los tamborileros de Hellín han sido reclamados para participar en acontecimientos destacados. Es tal la importancia del tambor para éstos, ya que sólo disfrutan de esta tradición durante la Semana Santa,  que sólo se han permitido hacerlo fuera de su entorno, a pesar de las numerosas invitaciones,  en momentos muy representativos y señalados, entre los que cabría destacar, como una simbólica muestra, la emotiva misa dedicada a los tamborileros de Hellín en la Catedral de Santiago de Compostela, a donde acudieron en peregrinación con motivo del Xacobeo'93, o su participación, con 350 tamborileros, en la Naumaquia a Isaac Peral de Cartagena, un increíble concierto urbano que rememoraba las antiguas batallas navales, dirigido por el compositor, de prestigio internacional, Llorenç Barber. Más adelante tendremos la oportunidad de conocer con más detenimiento la participación de los hellineros en grandes eventos a lo largo de la geografía nacional.
Anualmente los tamborileros de Hellín acuden masivamente a la celebración de las Jornadas Nacionales de Exaltación del Tambor y el Bombo, precisamente creadas en esta ciudad, que una vez al año tienen lugar en un punto diferente de España, y que sirven como vínculo entre los tamborileros de todo el país.
Participar en las tamboradas hellineras es remontarse a la magia de los siglos, envolverse en un sonido transformador, convertido en todo un rito, y  vivir como protagonista una fiesta en la que se disfruta de una curiosa alegría, como manifestación lúdica, que se complementa de forma maravillosa con la sobriedad y el luto de la Semana Santa más tradicional, y con su  rica imaginería religiosa.
Hellín en estos días es sin duda un abrazo, una invitación al milagro, a la vivencia de  una tradición que una vez conocida jamás podrá ser olvidada. Aunque más tarde lo veremos más detenidamente, conviene conocer detalles de gran importancia para familiarizarse con la Tamborada.
            Con el redoble de unos veinte mil tambores, Hellín se convierte en la ciudad con más tamborileros de todo el mundo. El concepto de Tamborada unifica el del conjunto de las distintas tamboradas (en plural): momentos en los cuales los tamborileros tocan el tambor en un amplio conjunto de calles.
El tambor está formado por la caja, el tornillaje, los aros, los aretes, los bordones y los parches, que aunque antiguamente eran de piel de cabrito y ahora son mayoritariamente de plástico. Se cuelga a la cintura con el cinto y se redobla con un buen par de palillos.
La cruceta es una cruz formada por un largo palo vertical y tres horizontales en el extremo superior, que van de menor (el de arriba) a mayor (el de abajo). Es importante porque en ésta se sitúa el nombre o el símbolo de la peña que la identifica y a la vez sirve para que cualquier miembro del grupo la reconozca entre tantos miles de tamborileros y pueda, en el caso de distanciarse, incorporarse de nuevo a la hilera, formación que es imprescindible para caminar entre millares de tamborileros que hacen que apenas se vea el suelo en las calles más céntricas.
Todos los tamborileros van vestidos con túnica negra de tergal y casi en su totalidad lo hacen con el pañuelo rojo al cuello, aunque algunos prefieren el antiguo capuz a la cabeza o el pañuelo negro.
Según el sonido y el ritmo que se escucha, los toques típicos de Hellín son: “racataplán”, “que me la han tentao”,” ha dicho mi madre que me dé usted un pan”, “como Rambla”, “milindrillo”, entre otros... Todos ellos se van alternando continuamente con variaciones de unos y otros, y el conjunto es un estruendo atronador que puede escucharse a varios kilómetros de distancia al alejarse de Hellín.

 

LA TAMBORADA ES DECLARADA FIESTA DE INTERÉS TURÍSTICO INTERNACIONAL


José Antonio Iniesta
Del libro del autor: “La Tamborada más grande del mundo”.

            No olvidaré aquel día en el que acompañado de alguno de los miembros de mi junta directiva subí los escalones del Ayuntamiento de Hellín para presentar, en nombre de la Asociación de Peñas de Tamborileros, los pesados archivadores que comprendían la más amplia información que hasta el momento se había reunido sobre la Tamborada de Hellín, con el fin de solicitar, desde el Ayuntamiento, a las más elevadas instancias, la declaración de Interés Turístico Internacional para nuestra Tamborada. Era el siguiente paso para que fuera valorada, como se merecía, tras la declaración de Interés Turístico Nacional que había recibido en 1984.
Rafael Roche Muñoz, miembro de esta junta directiva, desarrolló una gran labor redactando infinidad de textos, siempre con la coordinación y el inestimable apoyo de otro destacado componente de aquella junta directiva, Antonio Moreno García, cronista oficial de la ciudad, que hizo todo lo humanamente posible para que esta documentación siguiera los cauces adecuados y ofreciera la amplitud necesaria en contenido y documentos gráficos.
A pesar de la amplísima documentación aportada, esta propuesta no prosperó. Fue valorada en gran medida, pero con el comentario de que aunque reuníamos casi la práctica totalidad de los requisitos, todavía nos faltaban actividades que justificaran la proyección internacional. La difusión a nivel nacional en los últimos años, que fue uno de los primeros objetivos de mi presidencia, desarrollada de 1993 a 1995, llevó a los tamborileros de Hellín a participar en grandes acontecimientos en distintos lugares de nuestro país, de los que se hicieron eco los más diversos medios de comunicación. Así que ahora nos faltaba seguir trabajando para conseguir los objetivos de la Asociación de Peñas. El contacto del musicólogo Carlos Blanco Fadol, uruguayo, con Hellín, abriría, con distintas actividades, un puente con otros países.
Heredando el talante difusor de los anteriores presidentes, cada uno de los cuales dio su propio impulso en esta carrera hacia el éxito de nuestra tradición en todo el mundo, Rafael Roche, ahora como presidente, retomó esta antigua iniciativa y finalmente, con la ayuda de numeras personas, la ciudad de Hellín consiguió lo que tanto se merecía.
En gran medida el relanzamiento de este proyecto, con un resultado de carácter histórico, se debió al apoyo y ánimo transmitido por el alcalde, Diego García Caro, así como de la Diputación Provincial de Albacete y la Consejería de Industria y Tecnología (Dirección General de Turismo), Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y Ministerio de Industria, Turismo y Comercio (Secretaría de Estado de Turismo y Comercio).
También hay que agradecer especialmente la labor de Francisco Pardo Piqueras, actual presidente de las Cortes de nuestra región, pero que en ese momento era secretario de Estado de Defensa. Tras el empuje político del alcalde de Hellín, éste fue definitivo para que la documentación llegara personalmente hasta el ministro de Turismo, Joan Clos. 
Así fue cómo el Boletín Oficial del Estado anunció públicamente, el 2 de abril de 2007, la resolución del 14 de marzo de 2007 de la Secretaría General de Turismo, Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, por la cual se concedía el título de “Fiesta de Interés Turístico Internacional” a la Semana Santa (Tamborada) de Hellín (Albacete).

UNA VENTANA ABIERTA AL MUNDO ENTERO


José Antonio Iniesta
Del libro del autor: “La Tamborada más grande del mundo”.

            Desde siempre, la forma de ser de los hellineros ha hecho posible su apertura hacia los demás en una ciudad de carácter acogedor, lo que todavía es más visible en Semana Santa. En estas fechas se manifiesta de múltiples formas la generosidad a la hora de compartir una tradición que considerándola propia, se ofrece a cada uno de los visitantes sin excepción.
Es curiosa la costumbre de los hellineros, cuando alguien visita sus casas, de enseñar hasta el último rincón de un lugar tan sacrosanto como es el propio hogar. De igual forma, la Semana Santa, en el aspecto de las procesiones y las tamboradas, es una ventana abierta al mundo entero.
Llama la atención la forma en que el tamborilero hellinero, aunque profundamente ensimismado en su redoble, entregado por entero, con sus cinco sentidos, a la que considera su fiesta más importante, es sin embargo amable y generoso con cada uno de los visitantes. Aunque el tambor de cada tamborilero es algo muy personal, un instrumento cuidado con todo el cariño y sin duda una de las pertenencias más valiosas de un hellinero, por lo que representa, más que por su valor económico, no es extraño ver que muchos de ellos permiten que alguien lo toque. El visitante es en ese sentido absolutamente agasajado. A los amigos y familiares no les faltará un tambor, unos palillos, una túnica y un pañuelo para echarse a la calle. El forastero anónimo siempre tendrá a su alcance un buen trago de una o muchas botas, un trozo de bacalá, unas habas y las hospitalidad generosa, en cualquiera de sus múltiples aspectos, de toda una comunidad que en estas fechas se siente parte de una unidad trascendente, la del conjunto de los ciudadanos, que abren sus casas y calles, ofreciendo lo mejor de sus redobles a todos aquellos que quieran comprobar personalmente el milagro de la perpetuación de una tradición de siglos. Ésta no sólo no sucumbe, sino que cada año aumenta en ilusión y en número de tamborileros. 
Es imposible negar que el hellinero se siente orgulloso de sus costumbres, y entre éstas, especialmente de sus tamboradas, que lejos de ocultarlas, las ha mostrado abiertamente, proclamando su mensaje de hermanamiento a los cuatro vientos.
La Asociación de Cofradías y Hermandades en el pasado, y la Asociación de Peñas de Tamborileros desde su constitución en 1989, han desarrollado una meritoria labor para dar a conocer el fenómeno del tambor hellinero desde las más variadas perspectivas.
Así se han aunado voluntades y esfuerzos para propagar este mágico redoble, atravesando todas las fronteras imaginables.
Al día de hoy, los tambores de Hellín son conocidos en el mundo entero gracias a la labor de pintores y dibujantes, fotógrafos, diseñadores, humoristas, novelistas, poetas, actores, músicos, y así una miríada de personas que con toda la ilusión del mundo han hecho posible la transmisión, más allá del tiempo y del espacio, de las creencias de los hellineros, de su particular forma de disfrutar de la vida y de conmemorar, a través de una fiesta con unas particularidades únicas en toda la geografía nacional y mundial, aquello que consideran sus raíces.
Son incontables los folletos, programas, carteles, revistas y periódicos que se han hecho eco de esta manifestación a lo largo de los años. En este libro sólo se puede recoger una mínima parte de todo lo que se ha editado, como parte de una prolífica actividad que desconcierta, por su variedad, incluso a los investigadores locales.
Una curiosa muestra de difusión del tambor hellinero fue la presentación en el año 2000 de un compact disk que con el nombre de “El corazón del Tambor” recopilaba los típicos toques. La producción fue de “Hermanita Musicaria”. Participaron en esta grabación de 47 minutos Juan A. Hortelano, María Dolores Izquierdo Sánchez, Rafael García Teruel, Miguel Cañavate, Juan Francisco Martínez Fajardo, Víctor Manuel Martínez Fajardo, Rafael “Chilique” y Cándido Cantero. En el CD nos encontramos con 17 temas: “Redoble (1)”, “Racatacatrá”, “Ha dicho mi madre que me dé usté un pan”, “Repiqueteo”, “Racataplá”, “Redoble (2)”, “Como Rambla”, “Redoble (3)”, “Que me l’an tentao”, “Pique”, “Milindrillo”, “Redoble (4)”, “Doble milindrillo”, “La raspa”, “Redoble (5)”, “Toque de peñas” y “Tumulto”.
La portada y contraportada las hizo el artista hellinero Antonio Luzgardo Preciado. Del sonido y la producción se encargó Juan Carlos García, y de la producción ejecutiva, Alberto Alfaro. El diseño gráfico y la maquetación fue responsabilidad de Juan José Ruiz, siendo la dirección de “Elotro”. El proyecto en su conjunto contó con el patrocinio del Ayuntamiento de Hellín y la Asociación de Peñas. Al CD se unió un libreto con una explicación de las tamboradas y el origen del tambor con la introducción de Antonio Moreno García, cronista de Hellín. Se completó esta original edición con fotografías de los tamborileros (de Juan José Ruiz), de tambores artesanales (de Pedro García Navarro) y de destacados tamborileros de la historia de Hellín.
También son destacables en ese sentido las colaboraciones musicales entre los tamborileros de la Asociación de Peñas y el musicólogo y cantautor Manuel Luna (nombrado Tamborilero del Año en 1993), con actuaciones en público y la edición de discos como fruto de esta insólita simbiosis musical. Entre su discografía es especialmente emotiva para los hellineros la canción titulada: “La madrugada de los tambores” (arreglos de M. Luna y S. Martínez), basada en la tamborada de Jueves Santo a Viernes Santo.
Todo aquel que visite Hellín puede conocer la fecha y el horario de las tamboradas a través de unos programas de mano que se distribuyen masivamente, en los que aparece la imagen del cartel de la Tamborada de ese año, que es al mismo tiempo el que podemos ver en la portada de la revista “Tambor”, todo ello editado por la Asociación de Peñas de Tamborileros de Semana Santa de Hellín.

 

TODOS SOMOS UNO


José Antonio Iniesta
Del libro del autor: “La Tamborada más grande del mundo”.

         La esencia de las distintas tamboradas se fundamenta indiscutiblemente en la participación colectiva de miles de hellineros.  El principal valor de esta celebración es la espontaneidad, la capacidad de dar vida a algo tan asombroso como un encuentro multitudinario respondiendo al unísono, pero cada uno de los hellineros lo hace con su particular forma de ser, de vestirse, de redoblar con un tambor complemente diferente al de los demás.
Los matices de la Tamborada, cuando se observan con detenimiento, son interminables, lo que hace que esta tradición sea una de las más importantes de España por su diversidad y plasticidad a la hora de manifestarse.
En esa masa informe de túnicas negras y estruendo de tambores, es significativa la personalidad individual de cada uno de los presentes, que se ofrece al conjunto de lo que es la manifestación de toda una ciudad.
Especialmente para el visitante, en un principio, puede parecer que todos visten igual, que tocan un instrumento idéntico, y nada más lejos de la realidad. Es la amalgama de las sorprendentes diferencias lo que hace posible un conjunto homogéneo; es la personalidad propia la que refleja una infinidad de detalles de gran importancia.
Como muestran las imágenes, siendo tamborileros cada uno de los que tocan el tambor, las diferencias entre unos y otros son notorias. Están los que se aferran a los valores más tradicionales, de un lejano pasado, con la sobriedad del porte, del tambor originario, a la antigua usanza, encontrado en las viejas cámaras, herencia de los padres o los abuelos. Algunos usan el típico capuz a la cabeza como identificación con el modelo clásico del tamborilero, que se une al tambor artesanal de gran valor artístico y económico. Pero una gran mayoría luce el pañuelo rojo al cuello y un tambor moderno, en el que el plástico ha sustituido al antiguo parche de piel de cabrito. Otros tamborileros, a pesar de su diferente apariencia, por su túnica morada, son también de la tierra, de la pedanía de Agramón.
Todos y cada uno de ellos, como pinceladas sueltas, dan forma a la composición final de un cuadro; como notas ordenadas hacen posible la composición musical; son como las incontables olas de un mar que debe su existencia a cada una de las gotas de agua que se mueven en su interior.

 

EL TESORO DE LA MEMORIA DEL PASADO


José Antonio Iniesta
Del libro del autor: “La Tamborada más grande del mundo”.

La relación que existe entre el tamborilero y su tambor se basa en la nostalgia, en la añoranza. Es el fruto de las emociones sentidas a lo largo de los años. Hay una imagen emblemática en la memoria del hellinero, un símbolo destacado de esa fuerza que le une a su tierra, allá donde se encuentre, y es ese momento en que se adentra en los rincones del pasado para volver a reencontrarse con su tambor. Sí, es un mero instrumento musical, pero de una forma que es difícil de explicar adquiere el carácter de un objeto inanimado con una vida especial, la del compañero fiel, el talismán, una especie de reliquia que le vincula con lo sagrado, con sus ancestros, con una herencia compartida a lo largo de los siglos. Las cámaras llenas de trastos viejos, las bodegas con el salitre provocado por la humedad, las cocheras, una misteriosa buhardilla, se convierten en el reino oscuro y polvoriento en el que se guarda un valioso tesoro.
Las tamboradas, tal como las conocemos, fueron creciendo al ritmo de estos viejos tambores cuyas cajas se hacían con latas de queso del Plan Marshall, como fue conocido el Programa de Reconstrucción Europeo, anunciado por el que entonces era secretario de estado norteamericano, George Marshall, quien lo presentó en un discurso pronunciado en la universidad de Harvad, el 5 de junio de 1947. Con las latas de queso que Estados Unidos envió a España se hicieron algunas de estas antiguas cajas, unidas a un rústico tornillaje y a pieles de cabrito, que se hacían sonar con palillos de madera de carrasca. Era una expresión de rudeza, de aguante del mal tiempo, siempre dispuestos los tamborileros a pasar noches enteras sin dormir, tomando el alimento necesario en cualquier sitio, por más inhóspito que fuera. Era un desafío constante en el que no tenía sentido, como no lo tiene en la actualidad, el cansancio, el dolor o el sueño. El redoble supone una entrega absoluta a esos momentos que impregnan para siempre los recuerdos, de los que se alimenta la memoria.

UNA HERENCIA QUE PASA DE PADRES A HIJOS


José Antonio Iniesta
Del libro del autor: “La Tamborada más grande del mundo”.

            No hay mayor satisfacción para un hellinero que el hecho de que su hijo comparta con él la tradición de tocar el tambor, que lo haga a su lado, desde la más tierna infancia. Los padres adiestran a sus hijos en el redoble del tambor con todo el esmero, se preocupan de que tengan no un tambor, sino varios, que irá creciendo conforme lo vaya haciendo su hijo, cada vez más grande, en la medida en que pueda soportar su peso durante más tiempo.
El joven tamborilero atraviesa un mágico umbral cuando es capaz de vencer el cansancio para estar redoblando toda la noche de Jueves Santo. Es de alguna forma un rito iniciático, un camino hacia la madurez.
Así, un día y otro, en cada una de las tamboradas de la Semana Santa, los niños aprenderán a ejecutar con maestría el racataplán, uno de los más importantes toques tamborileros, a soportar el dolor de las manos, las heridas que a veces se producen, la tensión en los hombros, la aguda presión de las palometas del tornillaje en la cintura. Con el tiempo, el niño se va haciendo adulto y aprende a aguantar el sueño, el cansancio, hasta que éste desaparece y sólo queda esa exaltación gloriosa de quien siente que ha recibido un regalo inmenso, un mágico legado que sólo pueden conocer aquellos que lo han vivido pacientemente, como paciente ha sido la enseñanza de sus padres.
Llegará un día en que el padre desaparecerá, y será el hijo quien lo recuerde y lamente su pérdida, especialmente en cada uno de esos momentos de Semana Santa en que volverá a recordar, como si fuera ayer, las vivencias compartidas, aquel primer Miércoles Santo, el almuerzo con empanadas en el Calvario, en la mañana de Viernes Santo, el alegre repiqueteo de Domingo de Resurrección.
Sin duda quedará el dolor de la ausencia, esa tristeza que conocen todos los hellineros que perdieron a sus seres queridos, pero también esa indefinible e inexpresable sensación de que con el tambor todo vuelve a ser de nuevo, que aquellos que se fueron siguen estando, aunque sea de otra forma…

 

 

 

 

Fotos Tamborada

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